Ser vaga es lo mío y ver mucho porno


Cómo decía en el capítulo anterior, mamá fue a brindar la portería a mi galla y mi ñaño, mientras tanto yo me metía en mi aposento a vestirme. Ya con un punto más moral, salí a dedicar a mi fulana y en cuanto pude me volví a mi residencia, pretextando tener que tramar. Mamá en desarrollo tuvo que echar raíces un buen rato con mi tipa, a admitir una tacita de descafeinado -como tenían por manera- y conversar de sus cosas. Teniendo en suma el raudal de huellas por el que acababa de correr, estoy seguro de que no fue comprensible para ella tener la preparación. Por cese se marchó mi galla, y al tiempo vi el morro de mamá asomándose por la meta de mi alcoba. Para su estupefacción, supongo, me encontró positivamente estudiando; con mis apetencias de interesar a raíz, me había retornado de lo más responsable. '¿cómo estás?' me dijo luego de coger y obstaculizar la meta tras de sí. 'Muy acertadamente. De certeza, en gran medida aceptablemente. ¿y tú, mama? ¿cómo estás tú?' Mi quebrada me observó durante un buen rato, seria, pensativa, sin arrinconar sus faroles de los míos. Por extremo, se agachó y me dio en las mejillas dos besazos acuáticos y auditivos, maternales, y con una sonrisa tierna y brillante que me llenó de calorcillo interior y disipó cualquier ofuscación de mi mente, me dijo: 'También estoy en extremo correctamente, cachorro. Si. También estoy enormemente admisiblemente. ¿tienes mucho que estudiar?' 'No, no mucho, únicamente revisar. Como esta tarde no he ejecutado nada... 'Vale, escuincle. No te acuestes asaz tarde. Pero lávate antiguamente los dientes' Y además con su encantadora sonrisa en el faz, se marchó. De nuevo dormí toda la indeterminación como un bendito -y efectivamente, así me sentía: santificado tanto por el sexo como por la libidinosidad de causa- y al plazo subsiguiente, siendo lunes, regresé a la práctica. No fue incluso la tenebrosidad que, una ocasión acostado mi ñaño, pude quedarme a solas de nuevo con mi vaguada. Estábamos entreambos sentados frente al televisor en ese sofá que ahora había sido declarante de unas cuantas escenitas bastante extravagantes. 'Mamá... -comencé yo mi aproximación.' 'No, hijo.' '¡pero si no sabes lo que te iba a decir!' 'Pues claro que lo sé, chico, y la respuesta es que no. Tu hermanico está en la casa.' 'Pero está durmiendo.' '¿y si se despierta y se levanta a producir pipí, o lo que sea? Oye jaleos, viene...' en ese tiempo me imaginé a mi hermanillo entrando en pijama en la pieza y viéndonos a mamá y a mí en plena "representación estelar", y toda la incitación carnal que pudiese estar sintiendo escapó de mi espesor como se desinfla un globo. '¡vale, vale! Tienes causa' corté a mi cañada 'Es que, como fue a estas horas cuando empezamos la otra noche...' 'Si, ahora lo sé, luego eso no estuvo admisiblemente. Fue falta mía; como tu ñaño siempre duerme como un gatete, no pensé en él, empero es mucho contratiempo. Mientras no estemos puros en la residencia y con las porterías cerrás con tres rotaciones de llave para que ninguno nos pueda pillar en la mitad de la clasificación, na de na, ¿está claro?' 'Si madre, lo que tu digas' contesté, sin disfrazar el abanico de frustración en la palabra. 'Cucha, chiquillo, he estado pensando todo el viaje sobre lo que pasó antaño, y te tengo que decir... Cuando hagamos eso que siempre me pides, tenemos que corresponder mucho cuidado y controlar... Sobre todo tú, porque son tus partes las que se llevan lo peor, y son delicás. Si te hiciese golpe de verdad... no me lo perdonaría... Si quieres que sigamos, tienes que jurarme por lo más noble que vas a controlarte siempre, y yo haré además todo lo que pueda para que no se me vaya la abanderada con el calentón, como me pasó antaño. Eso no puede acaecer en absoluto más. ¿me lo prometes?' 'Claro, superiora. Yo ni quiero hacerme traumatismo de existencia, tampoco hacértelo a ti...' 'Y otra cosa... si me pongo burra y te digo putadas gordas, aún me tienes que jurar que no me vas a obrar acontecimiento, que es jugando, por la libido, y no va en serio... ¿me lo prometes también?' 'Claro. A mí me pasa lo mismo. En esos tiempos te digo cosas que, cuando me concierto más tarde, me da un corte...' 'Pues eso... Tu dime a mí las porquerías que quieras cuando nos estemos divirtiendo, empero sabiendo que, de todo eso, no hay que producir acontecimiento al acabar.' 'Muy bien.' 'Y también... yo ahora sé que a ti te apetece a todas horas, porque estás en la edad... Pero hazle evento a tu cañada: estas cosas no se pueden realizar en extremo de contino, sobre todo lo que te gusta a ti... En tres plazos, tendrías tus partes como un ceomo. Tú aguántate, por tu cabecica en otra parte, como hago yo, y ahora verás cómo luego lo disfrutas más, porque será especial... Además inmediatamente tengo pensado poco nuevo para que hagamos a la próxima' terminó mamá su fiesta, mirándome con una sonrisa picarona en gran medida poco maternal. Así las cosas, siquiera esa sombra tampoco las subsiguientes hubo solaz, sin embargo eso no quiere hablar que no hubiese bonachones tiempos. El secreto acompañado había inventado entre mamá y yo una confianza particular que se comenzó a evidenciar en pequeños detalles pletóricos de libídine. Como al trayecto subsiguiente, cuando nos cruzamos por el soportal, y al embelesar ella mi ojeada -vestía un pantaloncito de pijama de franela blanca que le marcaba todo- me hizo un parpadeo, y casi sin inundar su acceso, se bajó un segundo los bombachos para enseñarme el culete -o culazo, porque lo tenía generoso-; posteriormente se volvió, y con una gran sonrisa en la faceta, me sacó la angla y siguió con lo que fuese que estaba haciendo. Otras sucesiones era algún grano o codazo que me daba al volado en el trasero al despedirse de mí por la venidero antaño de personarse a cátedra, o como paga en burla por ayudarla a humedecer los platos o cualquier otra estrecha labora que me encargaba. Una perplejidad de esa semana, no regalo por qué inteligencia, llegué tarde a conejera. Quizá tuve alguna batalla extraescolar; placer, seguramente, porque si regalo que estaba postrado, de modo que me di una artesa rauda y me puse el pijama. Mamá ahora había cenado con mi ñaño y lo había dirigido a la hamaca. Otras sucesiones, en las mismas noticias, se limitaba a decirme poco así como "párvulo, te he dejao la cena en el microondas, caliéntatela", y se marchaba al recinto a disfrutar la TV. En esa insignificancia, en cambio, se sentó frente a mí en la parcialidad de la restauración. Mientras yo cenaba y ella se tomaba una tisana, comenzó a preguntarme por mi recorrido, a contarme las cosillas que se le pasaban por la cabeza... De pronto, noté que poco me subía por la zanca; al reducir el precio la traza, lo que vi fue el exacto queso de mama, con sus deditos tordos, acariciándome el cipote a través del calzón del pijama. Durante un santiamén me quedé afásico, y atrás de que recuperase el lengua, mamá me miró con ojillos tunantes, hizo un gesto enredador con los morritos como pidiéndome reconcentrarse paz, y siguió hablando de esto y aquello como si tal cosa, entretanto me proporcionaba la cena más estimulante que había adeudado en mi vivacidad, el porno. A mí todavía me habría saboreado sorprenderla con algún detallito amoroso semejante, no obstante nada más fuese alguna carantoña o grano al cruzarnos por el túnel. Le di esos trayectos muchas rotaciones a la mente intentando concertar si debía atreverme, aunque al final lo descarté. Nuestro arreglo tácito decía que era ella la que debía admitir la palabra cantante y escoger el plazo. Un descuido, y otras cabezas podrían advertir o atender poco que nos trajese todos los reparos del orbe, a ella y a mí. Lo último que yo quería era estropearlo todo estúpidamente, de estilo que me acostumbré a recomendar en mamá y me resigné a cederle la iniciativa. Y entretanto, seguía su aviso. A pesar de pulsar en una cúmulo de embriaguez sensual consecuente, abandoné mi rutina de masturbarme al a excepción de una sucesión al vencimiento. Era duro. El anhelo me devoraba por do más pecado había, como dice el colegial. Constantemente -en clase, estando con mis amigos, entretanto estudiaba...- recuerdos e estatuas de nuestros juegos asaltaban mi mente; en otras baratas, era mi invención la que me traicionaba y volaba demasiado alto, recreando como sería nuestra próxima reunión, esa en la que mamá decía que inmediatamente había juzgado en poco particular para labrar. Pero yo procuraba "aovar mi cabecica en otro lado", como ella decía, y asociarse delante. A menudo me cuestiono de adonde salía tanta experiencia, porque para otras cosas yo era el característico crío bobo y informal; supongo que me daba suma de que una de las cosas que podían cumplir que mamá cortase de madrastra nuestra sujeción -por llamarla de algún estilo- era que ella notase que afectaba a mis exégesis, mis amistades, o en general, a lo que debía ser la carrera cotidiana de un chaval de mi época. Además, como ahora he contado otras oportunidades, yo estaba resuelto a gustar a superiora, de estilo que procuraba mantenerme centrado y me esforzaba con mis despachos más de lo que lo había trabajado en toda mi fortaleza. Por final llegó la tarde del domingo; una ocasión más mí -en esos tiempos al a excepción de- tipa favorita se llevó a mi ñaño a salvar la tarde por allí, de modo que yo tenía por adelante al excepto cuatro horas a solas con causa. La impaciencia me comía. Como el domingo anterior, mi matriz empezó preguntándome por mis proyectos, si tenía pensado subsistir con mis amigos. Sin embargo, esa oportunidad la pregunta tenía un tonillo inquieto y ladino. Está claro que ella inmediatamente sabía la respuesta: 'No matriz, quiero quedarme contigo.' '¿a sí? ¿y qué te gustaría que hiciésemos?' siguió preguntando, casi sin permiso resignarse la risa. 'Lo que tú quieras. El domingo pasado te tesoro que te iba a causar acontecimiento en todo, así que tú mandas.' Ahí, mamá ahora no pudo librarse el prorrumpir en carcajadas. '¡esa respuesta sí que me ha alegrado! Ya he gozado que de unos recorridos a esta parte te has volteado de lo más bienmandao... Habrá que recompensarte ¿no?' dijo con los brazos en vasijas y la máximo de las sonrisas en el descaro 'He pensado que puesto que hemos cumplido cosas de viejos, no pasa na porque veamos adjuntos una peli de mayores.' Por un tiempo me sobresalté, porque lo primitivo que me alpiste a la persona es que íbamos a visitar una placa porno. Por supuesto, mi vaguada no había comparecido tan lejos; lo que sacó de la faltriquera del videoclub fue un cinta que tenía ahora entonces unos cuantos años -de hecho, es factible que la hubiesen desovado en la TV varias sucesiones- sin embargo que conservaba en la época un halo de follón y morbo: "Nueve semanas y media". En realidad la peli en absoluto ha sido para tanto. Mamá ahora la había gozado y sabía que no era demasiado cadavérica. Ni ni aparecen escuetos, que yo recuerde; supongo que por eso la eligió. Pero lo cierto es que varias de sus tablas siguen siendo de lo más hedonista -elegantemente incontinente- que se ha ejecutado en el cine. También es una cinta en la que sus protagonistas, tan atractivos ellos, tenían en común con mamá y conmigo que se entregan a jueguecitos poco convencionales. Quizá con la selección de la peli mamá quería darme a enterarse, de apariencia sátira, que no es tan insólito el recrearse con prácticas que se salen de lo habitual; no obstante, aquí estoy especulando bastante. Como el domingo anterior, no era ese el esquema que yo tenía en mente. Si en la memoria con mamá hubiese sido yo el que hubiese encaminado los bombachos, a esas estaturas ahora los habría recogido por los tobillos. Sin embargo, mamá sabía más y había cavilado que, con toda la tarde por adelante, sería mucho más incontinente asistir pasito a pasito. En todo caso, la aproximación de admirar con mamá una peli distinguido por su libídine, no estaba nada mal. En absoluto. Mientras yo ponía la faja en el vídeo, mamá fue a la gastronomía y volvió con una vasija de pepsicola y dos tazones de macarrón con hielo y rodajita de citrón. Entonces hizo poco que yo no le había hallado actuar en absoluto: abrió el mueble-bar y se sirvió un dedo de Bacardí. Por un plazo pensé que incluso me serviría a mí, aunque la inspección que me lanzó entretanto se preparaba el trago ahora me indicó que ayer se helaría el abismo que transmitir que yo tomase trinque, y a excepción de adelante de ella. Lo que hizo fue espolvorear la pepsicola entre entreambos cuencos, y pasarme el "cubalibre virgen". Y nos sentamos en el sofá a advertir la peli. Sea por el poquito de pimple -"ay, gurí, que vahído, dos cubatas y ahora estoy piripi, Jajaja"- o porque ahora tenía pocas renuncias cuando estaba conmigo, madrastra, al poco rato, pasó su brazo por mis hombros y apoyó su vanguardia en el hueco de mi clavícula, dejando que yo asimismo la abrazase por la cintura. Todavía reguero correctamente las cosquillitas de su melenilla estrecha en mi ñatas cuando levantaba la abanderada para hacerme algún comentario sobre la peli, y el efluvio a la urbanización nenuco de mi hermanillo en su cogote. Por plazos yo me sentía Mickey Rourke -cuando aún tenía caradura, y inclusive a mí, que no he correspondido orientaciones homosexuales en absoluto, me daba grado mirarla-, y centrocampista en bufa entorno en serio le proponía a mamá edrar las secuencias de la peli. Pero no estaba por la encargo. En absoluto. Cuando le tesoro que esa indeterminación podríamos cenar en proyecto sexy como la Basinger y el Rourke, adelante del refrigerador, ella con los lunares vendados y yo dándole trocitos de esto y aquello, y jugando con la cuajo y la gaseosa, me contestó que "claro, gurí, como se cualidad que tu no limpias la restauración. Además, la olla vale harto frescura y no está para obrar cochinadas"; cuando le propuse -esto sí que completamente de chacota- que se vistiese de hombruno, con el bigotillo pintado con lapicero de orificios, y saliésemos ambos elegantones a engullir poco en un pub, me contestó que "para eso, te dejo yo una falda mía, te pinto los morritos y el pezón en el vistazo, y te vienes a las baratijas del Corte Inglés, a reparar fardos y zapatos, que ese borrador me gusta más". A pedirle que me hiciese un striptease bailando al contraluz de la persiana, ahora no me atreví, más que nada por si me decía que lo hiciese yo. Eso me habrá alcanzado mucha más timidez que todo lo que habíamos labrado inclusive entonces; caracolear en absoluto ha sido lo mío. Así, entre chirigotas y risas, trayectos a la restauración para traer más pepsicola y palomitas de microondas, y alguna que otra adulación picante, terminamos de comprobar la peli; entonces superiora, poniéndose seria de pronto, me dijo: 'Bueno, chiquillo, ¿qué quieres que hagamos ahora?' 'Pues... inmediatamente sabes...' 'No, dímelo tu. Clarito, con todas las libranzas, que quiero oírlo.' 'Me gustaría... Lo de las otras veces... Sacarme la minga y que juegues con ella y me... hagas daño.' '¿y si mejor te hago una paja?' '¿una matorral? ¿cómo?' 'Normal, con la pasada; una buena maleza, para que te corras a voluntad, sin embargo sin apretones, tampoco palmetazos, tampoco nada de eso.' 'Prefiero de la otra forma.' 'Que te haga menoscabo en la polla.' 'Si, eso.' '¿y si te hago una cubana?' '¿y eso que es?' 'Me pongo tu verga entre las mamas y te hago una broza con ellas.' '¿sin hacerme daño?' 'Sólo darte gusto.' La oferta era increíblemente tentadora, y que mi cañada la enunciase de faceta tan directa era poco tan obsceno que me hacía inquietarse de apetito. Tenía el "si" a flora de resalte, no obstante poco en su matiz y su visión me hizo maliciar que podía ser algún tipo de tentativa, o más admisiblemente, parte de un jugueteo -ahora había imprimido a esas altitudes que la mente de madre, cuando se desinhibía, podía ser bastante tortuosa-, de estilo que me mantuve en mis trece. 'Prefiero lo otro.' '¿y si no?' dijo con viso burlón y una extraña seña malvada en el faz '¿vas a sacarte la pistola y vas a nacer a darte arranques contra el contador de la mesa?' 'Si.' 'Pues ala, gurí, ahora puedes entablar, por mí, no te cortes.' Dicho y hecho. Unos instantes luego ahora estaba absolutamente mondo, exhibiendo frente a mamá una rigidez en la que mi gallinácea latía al mismo ritmo que mi interior. La semana anterior me había propuesto que prefería mi banana descapullada, de modo que lo prístino que hice, con vaivenes adrede lentos, fue descapullármela para ella adelante de su semblante. Después, me acerqué a la costada camilla; como la semana anterior, sujetándome la gallinácea por la embrión, di tres duros trompicones con ella contra el tablón, Toc, Toc, Toc. Miré a mamá para estudiar el impacto que le provocaba mi masoquismo, y lo que vi no pudo excitarme más. Se estaba quitando con hidrofobia sus pantaloncillos de chándal, al mismo plazo que las braguitas y los calcetines; entonces, se arrellano en el sofá abriendo sutilmente las ancas, y enterró los dedos entre los rodetes castaños que cubrían sus bordes vaginales. Enardecido, repetí lo anterior, solo que más fuerte; una oportunidad, más fuerte, otra, otra más, y otra... A pesar de que dejaba asentar a mi picha unos segundos entre testarazo y esguince, el resentimiento era agudo. Pero me daba igual. Dopada de endorfinas y adrenalina, mi mente no interpretaba el resquemor como una emoción lamentable, sino todo lo contrario, como un placer febril. Pero tampoco ni ese placer me importaba. Lo único que quería es que mamá siguiese deleitándose al helminto, que siguiese animándome con locuciones jamás escuchadas de sus hocicos como "de esta forma, jódete correctamente la pita, dado que tanto disfrutas" "¿prefieres los bastonazos a correrte entre mis mamas? Pues ala, machácatela contra la oficina, afeminada" "Date la duro, pendejo, y te dejaré que me golpes el coñito". Con los años, he reflexionado a menudo sobre lo que me pasó esa tarde en que, por primera sucesión, me asomé al borde de un báratro de masoquismo. Y lo que me escalón, a mis faroles de madurado, es que llegó un tiempo en que la excitación de mamá se convirtió en el yantar de la mía, de modo que la única cosa del universo entero que me importaba -más que mi estimación, mi ofensa, aun más que mi propia calma- era darle a mi quebrada el mejor entretenimiento, el más obsceno y vicioso, para que se pajease y disfrutase como una ignavia; y con ella, yo. Por lo tanto, faltaba poco. Tenía que acudir más lejos; ejecutar poco nuevo, no exclusivamente reiterar lo de la semana pasada. Hice un apartamiento para yantar un buen sorbo de sifón -lombriz la garganta seca-, y recorrí con la audiencia el recinto buscando poco que me diese una abstracción. Entonces, en la aparadora, vi el grueso compendio del glosario enciclopédico Larousse, bienestar del banquete cuando mis generadores me abrieron una libreta inmaduro con el patrimonio que me regalaron el momento de mi eucaristía. La meditación me alcohol de fusionado: me lo llevé a la cárcel, lo coloqué vertical, y dándole un empujoncillo, lo dejé topar contra mi estaca, que con dos dedos mantenía llana contra el ábaco. Me fascinó observar a mi matriz, con los faroles fijos en mi pepino, esperando, anticipando, el instante en que me atreviese a estimular el vademécum; disfrutando el tiempo en que golpeó mi carne. Sin embargo, no fue en verdad hiriente. Las meriendas estaba almohadilladas y en verdad, no pesaba tanto. Cambié de estratégica: tomé el vocabulario y lo levanté, con el cuadril hacia debajo, aun un poco más debajo del meollo. Mamá seguía mirando con tal fijeza que casi parecía que se había arrinconado de puricarse; cuando por objeto lo solté sobre mi picha, los fanales de mamá se iluminaron como fanales. '¿te ha sangrado mucho, nene?' 'Si, matriz. ¿te gusta? Lo hago por ti, para que me veas y te hagas malezas. Me hago todo este perjuicio en la banana para ti.' '¿y tú disfrutas?' 'Un cúmulo, me da mucho gustillo originar esto, luego revistar que tu disfrutas es lo mejor.' 'Yo disfruto porque veo como gozas tú, carrera mía.' Mientras tanto, mamá se había aupado del sofá y se había competido a mi babor. Éramos más o menos de la misma calidad, de estilo que, cuando tomó mi aptitud y la llevó a sus resaltes vaginales, no me tuve que doblar. 'Así, afecto, mueve los dedos en meridiano, dale placer a causa' dijo guiando mi jugada para indicarme la obstrucción y ritmo que le gustaba. 'Está sensual y resbaloso...' comenté con gruñida admirada. 'Si, chavo, me has retado en extremo proporcionadamente hidrológica con tu... espectáculo.' 'Pues házmelo tú. Si te gusta, házmelo tú.' '¿lo del libro?' 'Si, lo del libro.' 'Sujétate la banana contra la bandada. Con ambas pasadas, mamá cogió el lexicón y, como había ejecutado yo, lo levantó incluso la fuerza de mi centro. 'Mamá, levántalo más... Tan alto como tú quieras... Hazme todo lo que quieras...' y en ese día, efectivamente, le habría desasistido hacerme cualquier cosa que su lujuria hubiese estimado. 'Corazoncito, no. No podemos extraviar el cuidado. Acuérdate de la ofrenda' y el vencimiento vado. Mamá me traía de vuelta a contorno seguro. Como había asegurado. '¡pues házmelo en el dedo, para probar!' conteste; y así lo hizo, en verdad, sin embargo no en mi dedo, sino en el suyo; cuando se aseguró de que el lamento era tolerable, continuó: 'Es tu gallina, peque. Si de ingenuidad esto es lo que quieres... ¡disfruta!' y elevó el manual un par de dedos más que ayer, inclusive adicionalmente de mi centro; tras un interminable instante de anterioridad, de temor y de deseo, lo soltó. ¡pak! sonó seco el escopetazo en mi capullo, que noté durante un instante aplastarse brutalmentes contra la faja. Involuntariamente -lo juro- doblé, a sensatez del espasmo de lamento, los dedos de la jugada que tenía sobre el genital de mi cañada, e introduje dos de ellos en su vagina proporcionadamente lubricada. No fue una perspicacia apetitosa, sin embargo a mamá no pareció importarle. Todo lo contrario. Noté como doblaba tenuemente las rodillas, para meterse mis dedos más a fondo. No me dejó tenerlos ahí mucho rato, empero. Lo que hizo en cambio fue abocar una montura, y apoyándose en mi hombro, trepar a ella y de ahí a la porción. 'Pon la pistola sobre el numerador' dijo imperiosa '¿te gustan mis cimientos, no?' 'Si, hermana, un nube' contesté obedeciéndola. 'Pues disfrútalos.' Entonces puso su sostén sobre mi pistola y comenzó a pisarla con el mismo bono con el que aplastaría una colilla, no obstante mucho más claro y acompasado; tan pronto como ejercía obstrucción al origen, sin embargo progresivamente fue cargando más peso incluso que la huella de bollo fue real. Pero en absoluto fue poco efectivamente profundo; la corteza suavísima del arco de la bizarría de su queso más perfectamente me proporcionaba una carantoña vigorosa y brusca, no obstante placentera en el sentido convencional de la voz. Mientras tanto, con su pubis casi en mi vividora, se masturbaba con una baza; con la otra se apoyaba en la tapia para clasificar el equilibrio y no pesar todo su peso en el cimiento con el que me pisaba. Sin elevar plegarias privilegio, alargue mis dos garras y comencé a tocarla; con codicia, con cicatería de su tiento. Los muslos delantero, luego las grupas anchas y el recto dilatado y carnoso, magreándole los gluteos, dándoles fuertes cintarazos con la jugada abierta, pellizcándolos con energía y clavándoles mis dedos; abriéndoselos, al extremo, para casar con la yema de mi dedo sentimentalismo su culo y acariciarlo con dureza e impericia, luego con muchísimo hambre. "¡así, guarro, fétido, precisamente, me vuelves loca!" -repetía a palabras mamá entretanto, sin ceder de frotarse el genital casi con delirio. Unos instantes a posteriori, soltó por la vagina un chorro -no demasiado considerable, nada que percatar con las "pilas" que se ven en el porno xxx- de un líquido transparente cuyo efluvio, curiosamente, me resultó familiar, quién sabe si por algún presente larvado en mi mente de los nueve meses en que estuve en su útero. También era en gran medida adorable; me hizo considerar en el perfume de la franja a posteriori de manar. Con el semblante y el seno salpicado con su flujo y mi picha amazacotada confite empero decididamente por su piececito, me abracé a sus corvas con mi brazo libre, apoyé mi superficie en su mostacho púbico, ligero y mullido, y me corrí yo igualmente. No sé el rato que permanecimos en esa posición, yo instigado a las ancas de mamá y ella de pinrel en la oficina, ahora mi pistola liberada de su pisotón, y acariciándome el vellón. De pronto, me sentía cansadísimo, luego era un desmayo agradable; como el que se siente a posteriori de una lejano haciendo ejercicio. Por cabo, mamá me dio un toquecito en el hombro para indicarme que debía legar de abrazarla, se bajó con cuidado de la oficina, y me pidió que le enseñase el nabo para, como de rutina, labrar lo que podríamos avisar una "apreciación de daños". Lo cierto es que esa oportunidad lo tenía rojo como un tomate, lo que provocó una vista ahogada de causa. Sin embargo, no había cardenales tampoco derramamientos de ningún pájaro, y se tranquilizó cuando le aseguré que aparte de un poco de alteración en la cáscara, no me dolía nada. En realidad, sus gluteos estaban peor. 'Hemos dejado a los de la viruta en tunicas' tesoro en abanico ligero, tanteando el espumajo de mi madrastra. Me preocupaba que, pasada ahora la alteración carnal, tuviese una explosión de pesadumbres como la de la semana pasada. 'Los dejamos en capas el primer vencimiento, nene.' contestó ella con una risilla que disipó mis miedos, entretanto me pasaba unas baberas de papel para que me limpiase un poco los posesiones del bacanal, jamás mejor dicho '¡ya te digo! Los dejamos en cendales el primer momento, no obstante lo de hogaño ha sido... ¡madre mía! Estamos más locos que el carnero de la legión... ¡las guarradas que te he opinado! Ya sabes que na de eso es en serio ¿no? Y las guarradas que hemos hecho... ¡ay, la inexplorado santa! ¡que deshonestidad! ¡si incluso me he causado pis!' '¡es fiabilidad, ha molao mogollón!' '"ha molao mogollón..." Que cosas decís los críos ahora...' dijo mamá riendo 'Hablas más insólito que yo, chiquillo, que ahora en otras palabras. ¿de ingenuidad no te da asco?' 'No, nada. Además, siquiera huele a pis siquiera na.' 'A lo mejor es que no es pis.' '¿y entonces, qué es?' 'No sé, la veracidad. Siempre me ha ofrecido "bloqueo" examinar a la ginecóloga, no obstante a lo mejor la próxima sucesión lo hago.' '¿y te pasa siempre?' '¡qué va! Con tu padre...' calló, seria de pronto, como si hubiese estado a tanto de nombrar una grosería. 'No pasa na, me lo puedes nombrar. A percatarse si te crees que me va a encajar hebra de papá, o algo...' 'Bueno... me pasa a sucesiones al hacerme una matorral, por eso muchas ocasiones me las hago en la ducha... ¡no me mires mismamente, escuincle! A sucesiones, cuando estoy sola, yo además me hago... ¡no en gran medida de seguido, a saludar si te vas a apostar que estoy todo el recorrido dale que te pego! Sólo de sucesión en cuando... Pero cuando estoy con tu autor, si me dan ganas de hacer aguas menores a clima, me aguanto. A él eso no le... "mola mogollón", para nada. -dijo sonriendo- Lo que pasa es que esta sucesión estaba tan desatá y tan desmelená...' '¡pues mejor! Me ha enamorado un nube. Pero hoy estoy pegajoso.' 'Y yo... ¿qué hora es? ¡madre mía, las siete pasadas!' 'Hasta por lo a excepción de las ocho no vienen.' 'Anda, ve a ducharte, y entretanto avío yo la casa, que entre tu corrida y la mía, lo hemos otorgado to pringao...' '¿y por qué no...?' '¿qué?' '¿te tinas conmigo?' '¡pero peque! ¿todavía tienes gusas? Venga, otro vencimiento, que se nos va a personarse el santo al encanto, y nos van a pillar. Uno de ambos tiene que comprometerse sin embargo sea una miajilla de cholla. Dúchate rápido y luego voy yo.' 'Vaaale. Oye mamá...' 'Queee, nene...' '¿con papá incluso haces estas cosas?' '¡nunca! Tu generador y yo nos divertimos, no te creas que no... Pero él es de sota, caballo y rey. Le gusta el modo ancestral, y de ahí no sale. Lo de que se te acoplamiento la picha y no se te baje tampoco a tarugos, en la vida mejor dicho' siguió diciendo entre risas 'lo has sacao de él, no obstante los caprichos de bichito raro... ¡esos los has heredao todos de mi!' 'Ea, ya que m´alegro de ser un "bichito raro", porque me lo sainete guay... Bueno, y mejor para ti asimismo ¿no? Ahora ahora tienes más variedad.' 'Eso digo yo... Anda, vete ahora y dúchate.' 'Vaaale.' 'Y lávate acertadamente las partidas, que me has... ¡me has estado atrapado el ano! ¡y yo te he abandonado! ¡válgame un santo de bauprés! ¡qué turbación más grande...!' yo, entretanto, me partía de la risa 'Nene, lo que yo te diga, estamos entreambos para que nos encierren en Las Tiesas, y tiren la grifo a un pozo...' 'Mamá...' '¿qué, pesao...?' 'Pero... ¿te lo has corrido bien?' 'Si, cachorro, me lo he atravesado bastante bien.' Un rato luego, con todo recogido y entreambos proporcionadamente duchaditos, peinaditos y refrescados, esperábamos, compartiendo otra vasija de Pepsi y una bolsa de papas fritas, los conocidos timbrazos anhelantes que anunciaban a mi hermanillo y a la tipa. '¿otra oportunidad te has acordado en residencia con tu religiosa un domingo por la tarde, en lado de ascender a sobar con las nenas, chaval?' dijo mi tipa en grado cómico nada más gusano 'A saludar si te nos vas a aminorar hoy en día en un "niño de mamá..."'
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